Categorías
Noticias

Seminario Internacional Trabajo y Equidad en un Mundo Global: propuestas, desafíos y principales conclusiones

El pasado 7 de enero, políticos, académicos y dirigentes sindicales de reconocida experiencia internacional expusieron sobre temas como desigualdad, crecimiento económico y organización sindical. La actividad fue convocada en el marco de la labor encomendada al Consejo Asesor Presidencial Trabajo y Equidad. A continuación, los puntos más destacados del debate.

«¿Cómo hacemos compatibles, en un mundo globalizado y altamente competitivo, los objetivos de equidad de los programas sociales y la necesidad de crecer? Esa es la pregunta que nos estamos haciendo todos», afirmó Santiago Levy, gerente general y economista jefe del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al comenzar su intervención en el Seminario Internacional Trabajo y Equidad en un Mundo Global, realizado el lunes 7 de enero en el Centro de Extensión de la Universidad Católica.

Entre los objetivos de la actividad, organizada por el Consejo Asesor Presidencial Trabajo y Equidad, estaba el aportar conocimiento y apoyar el debate nacional con ideas y experiencias internacionales en materias como mercado laboral, organización sindical y políticas sociales. Y provocaciones como la de Levy se repitieron a lo largo de la jornada. Robert Solow, Premio Nobel de Economía 1987, planteó que uno de los principales objetivos de Chile debía ser crear nuevos y mejores puestos de trabajo ¿Cómo? “En las próximas décadas Chile tendrá que crecer, y hacerlo en forma rápida”, recomendó el profesor Emérito de Economía del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Francois Bourguignon, director de la Escuela de Economía de París, destacó la importancia de crear instrumentos de política acorde a los desafíos. “Uno tiene que ver qué concepto de desigualdad le interesa, pues ésta se puede analizar desde tres áreas: la dotación (de las personas), el funcionamiento de los mercados y los resultados”, planteó.

Respecto al papel que juegan actualmente las organizaciones sindicales y los retos impuestos por la globalización, los dirigentes invitados (provenientes de países como Suecia, Estados Unidos y España, entre otros) coincidieron en la necesidad de entregar herramientas de negociación a los trabajadores, pero sobre la base de un “diálogo social” constructivo. “Si se quiere construir una sociedad de bienestar fuerte, no se puede subestimar la necesidad de independencia y poder de los actores sociales, los cuales deben están preparados para asumir esas responsabilidades. Los acuerdos colectivos regulan relaciones, roles y la administración de conflictos en el mercado laboral; y en Suecia dichos acuerdos involucran a todos los trabajadores, lo que los hace altamente efectivos”, destacó Wanja Lundby-Wedin, presidenta de la Confederación Europea de Sindicatos e integrante del movimiento sindical desde 1972. Cándido Méndez, secretario general de la Unión General de Trabajadores de España, llamó la atención sobre algunas estadísticas que han permitido a ese país distribuir más equitativamente los logros de su economía. “A través de la negociación colectiva damos cobertura a más del 80% de los trabajadores. En mi país la negociación colectiva tiene más capacidad redistributiva que la política fiscal”, dijo el dirigente español.

Todos los expositores coincidieron en dos ideas: que no hay un modelo perfecto, una receta lista y rápida para imitar, sino experiencias y contextos particulares que es bueno observar. A la hora de llevar adelante transformaciones como las que Chile quiere promover, tan importante como el empuje de los gobiernos, es la participación de los distintos actores sociales, resaltaron.

Más trabajo y equidad: una combinación posible

El seminario se dividió en tres sesiones. “Políticas de Bienestar y Empleo en un Mundo Global” fue el nombre de la primera de ellas, moderada por el economista e integrante del Consejo Asesor, Dante Contreras. Allí Ad Melkert, representante del PNUD y ex ministro de Desarrollo Social de Holanda, dio cuenta de una serie de iniciativas llevadas adelante en los Países Bajos en las últimas décadas. Destacó la importancia de establecer una batería de acuerdos base, como que el crecimiento económico se sustenta en las fortalezas de la economía de mercado, pero tan importante como eso es la estabilidad política y un sistema de protección que promueva una sociedad inclusiva. Llamó también a derribar algunos mitos, como “el fantasma de la carga impositiva como enemiga del éxito empresarial”. Luego concluyó: “la política de trabajo y equidad como resultado de un conjunto de políticas elegidas es posible y compatible con la competencia mundial actual y futura. Si se le formula correctamente, fortalecerá las ventajas competitivas y las políticas sociales serán un factor productivo”.

Santiago Levy, gerente general y economista jefe del Departamento de Investigación del BID, abordó fundamentalmente la experiencia mexicana en materia de seguridad social y empleo. Entre 1994 y 2000, Levy fue viceministro de Hacienda y Crédito Público del gobierno mexicano, convirtiéndose en el arquitecto principal del conocido programa social Progresa (hoy llamado Oportunidades), destinado a la población más pobre de ese país. Respecto a los desafíos actuales a la hora de diseñar políticas, Levy llamó a analizar con especial cuidado las características del mercado laboral, compuesto crecientemente por dos tipos de trabajadores: asalariados (contratados y que perciben una remuneración) y no asalariados (autoempleados, independientes, ocasionales). “Esta situación pone a los gobiernos frente a un dilema: dejar a millones de trabajadores no asalariados sin beneficios sociales o formular programas especiales para ellos. El gobierno mexicano optó por la segunda alternativa, creando un sistema paralelo. Como resultado de ello, México tiene un sistema dual de protección”, relató. Lo anterior, a su juicio, ha generado distorsiones en el mercado laboral “que los acaban perjudicando a todos”. La propuesta de Levy para los países que enfrentan esta dualidad es formular políticas que alienten la formalidad, tanto para los trabajadores como las firmas que los emplean.

El panel concluyó con la intervención de John Bruton, ex primer ministro de Irlanda, quien entregó algunas de las claves (“educación, educación, educación”) que hicieron que la economía de su país se transformara en uno de los modelos emergentes de la Unión Europea (es el segundo país más rico, luego de Luxemburgo). Al respecto, Bruton llamó la atención sobre estadísticas como las siguientes: que el 40% de la población irlandesa entre 25 y 35 años tiene actualmente educación superior (contra un 22% en Alemania, por ejemplo).

¿Dónde enfocar la política pública?

“Empleo, desigualdad y sindicatos” se denominó el segundo panel, moderado por Humberto Vega, economista e integrante del Consejo Asesor. Aquí los expositores estaban llamados a contestar preguntas como las siguientes: ¿cuál ha sido el papel de los sindicatos en el aumento del empleo y en mejorar la distribución de ingresos? o ¿qué debiera hacer un dirigente sindical cuando su empresa está perdiendo competitividad?

La ronda comenzó con la intervención de Ron Blackwell, economista jefe de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Sindicatos Industriales (AFL-CIO). Según Blackwell, para restablecer la equidad en los países, una cuestión determinante es restituir los balances de poder entre empleadores, sindicatos y trabajadores en general. “(En Estados Unidos) algo ocurrió a mediados de los 70, que cambió el patrón de relación entre crecimiento e ingreso (…) Durante los años previos, hubo un aumento parejo entre la productividad y los salarios. No existían leyes, pero había una suerte de contrato social que nos permitía tener un crecimiento equitativo. Después, eso cambió. Aumentó la productividad con los esfuerzos de los trabajadores, pero los resultados de ello fueron apropiados solo por las empresas”, afirmó. Al proyectar los retos futuros, Blackwell destacó la necesidad de que los sindicatos asuman nuevas funciones. “Tenemos que mejorar nuestras empresas y países, y no solo preocuparnos de la redistribución”, concluyó.

Cándido Méndez, secretario general de la Unión General de Trabajadores de España, reflexionó sobre la historia reciente de su país y los factores determinantes en la evolución del movimiento sindical. “Las organizaciones sindicales españolas tienen un reconocimiento constitucional”, observó, llamando la atención sobre este primer elemento que los caracteriza. Luego agregó: “Hay un marco de política pública en materia de educación, de protección por desempleo, de prestaciones en caso de enfermedad o accidente (…) que establecen un marco general protector de los derechos de los trabajadores”.

Francois Bourguignon, director de la Escuela de Economía de París, abordó el tema de la creciente desigualdad que afecta a los países (desarrollados y no) y que actualmente se expresa fundamentalmente en las enormes distancias que separan al 10% ciento más rico del resto de la población ¿Qué hacer para generar una distribución más equitativa? El ex Economista Principal del Banco Mundial planteó concentrar los esfuerzos en políticas de redistribución pura, enfocadas tanto en las dotaciones de las personas (acceso a una educación de calidad, por ejemplo) como en sus resultados (vía impuestos, transferencias directas o subsidios públicos).

Nuevos retos para los sindicatos

El tercer panel abordó el tema del “Rol de los Sindicatos en un Mundo Global”. La moderadora fue la economista Andrea Repetto, quien también integra el Consejo Asesor. Guy Ryder, secretario general de la Confederación Internacional Sindical, fue el encargado de abrir las exposiciones. Destacó, entre otras materias, la relevancia de abordar los desafíos de equidad relacionados con el mundo del trabajo. “Me parece muy importante que la lucha contra la inequidad sea una prioridad. Vincular ello con el tema del trabajo es más importante todavía, porque muchas de las causas de la inequidad tienen sus raíces allí”, afirmó.

Wanja Lundby-Wedin, Presidenta de la Confederación Europea de Sindicatos, centró su discurso en la experiencia del llamado “modelo sueco”. Al revisar la historia de su país, destacó elementos como el diálogo social llevado adelante por trabajadores y empresarios, “con confianza y respeto”. “Estoy convencida de que unos actores sociales fuertes y responsables son la precondición para alcanzar equidad, participación activa y un crecimiento sostenible en cualquier sociedad. Esta es la experiencia de los países nórdicos, donde pudimos combinar una distribución equitativa de los ingresos y el bienestar, junto con el crecimiento de la economía”, señaló.

Robert Solow, Premio Nobel de Economía 1987, fue el encargado de cerrar el debate. Puso los énfasis en las opciones que tiene Chile para crecer más y mejor. Y enumeró algunos desafíos, como aquel de dotar de valor agregado nuestras exportaciones. “Chile es un exportador de recursos naturales (…) Y creo que la creación adecuada de trabajos podría depender de hacer un buen uso del mercado mundial como una fuente de demanda. Si Chile incentiva una cadena de valores y empieza a procesar sus productos naturales y luego los exporta, bueno, eso es lo que ocurre con China o Japón y, ciertamente, en los Estados Unidos”, reflexionó.

En la generación de más y mejores puestos de trabajo, Solow le asigna un rol clave a las organizaciones de trabajadores. “Los sindicatos también pueden ayudar en la creación de nuevas industrias. Son funciones nuevas para el movimiento laboral, pero también va a ser algo nuevo para los empleadores, que van a tener que darse cuenta que los costos temporales y los beneficios a futuro deben ser compartidos”, afirmó.